lunes, 5 de octubre de 2009

Deshuesando la FRONTERA

Es triste saber que uno de los lugares más entrañables de mi vida se haya convertido en un deplorable templo de los absurdos.

Ahí pasé más de ocho horas diarias los últimos tres años de mi vida. Ahí desayunaba, comía, cenaba y hasta dormía. Aprendí tanto como pude. Debo admitir que quise a mis compañeros de trabajo, mi afecto fue sincero y en ese tiempo me hice de muy buenos amigos.

Sin embargo, la cosa comenzó a joderse justo cuando los intereses económicos de los dueños eran opuestos a los intereses editoriales del resto de la redacción.

Algunos dicen que este periódico nació jodido y ya había dado lo que tenía que dar, aún así muchos resistimos a los embates de una nula gratificación y reconocimiento, nel, la verdad es que los que quedamos después de que se hicieran dos recortes de personal, éramos los más baratos.

Renuncié a final de cuentas, me fui a a donde me pagaban más y así reunir dinero para el viaje a Europa. del resto solamente sé que les fue mejor, si no económicamente, al menos no tendrían que trabajar en un lugar donde ya daba pena cruzar la larga plancha del segundo piso, semivacía y polvosa, mientras que entre 5, como rantoncitos de feria, terminan de mal hacer lo que requiere 20 personas.

Meses después he regresado y ya no sé si fue mejor haberme ido cuando a esto le quedaba un poquito de respeto por sí mismo o venir aquí a patear piedras en los ruinosos cimientos de la Vía Rápida.