viernes, 20 de julio de 2007

La noticia


Un timbrazo nervioso la llamó a media noche.
-¿Bueno?...Sí…¿Qué?...¿Es una broma?- cuestionó desconcertada a la voz del otro lado de la línea telefónica.
Sin colgar, soltó el aparato mientras su mano izquierda buscaba a tientas el apoyo de la cama que se encontraba a su espalda.
Sentada, se descalzó los pies que un día caminaron junto a los de él.
Acercó la maleta que tenía lista y cercana a su derecha. Con cuidado prendió el cigarro que había fumado a medias. A él siempre le molestó el olor a tabaco. Cada trago de humo laceraba su garganta recién aliviada. Tosió un poco, sólo para desviar la sensación.
Apartó de su cuerpo el abrigo que ya pesaba en sus hombros y le oprimía los brazos.
Removió recuerdos, aretes y pulseras, dudó sobre el anillo, finalmente se lo dejó. No podía creer aún en las palabras recién escuchadas, ahora estas le revoloteaban en las sienes, tanto, que dolían.

El fino brazo acercó el café y le hizo beber. Hacía frío, pero ella no lo descubrió hasta que deslizó hasta el piso el vestido que tardó horas en escoger.
Con otro sorbo al café borró el magenta de sus labios y toda posibilidad de volver a sonreír.
Desdobló uno a uno los orgasmos que había empacado y se echó a dormir. Mientras tanto, del altavoz de su teléfono alguien le seguía llamando por su nombre