viernes, 29 de mayo de 2009

Esa tarde me di cuenta que tenía una caries profunda, apenas disimulada con el parco esmalte de mi pieza dental. Mastiqué y una punzada intensa me privó de la posibilidad de seguir comiendo. La putrefacción de un cuerpo muerto siempre es grotesca, pero la degradación de un cuerpo en vida es dolorosa. No supe cuando comencé a descuidarme, a conformarme con la imagen de mí antes de llenarme de toda esta mierda, una imagen que ahora es patética: soy una mierda con una muela picada. Desconozco si hay más órganos pudriéndose dentro. Lo cierto es que entre más me lleno de lo indeseable más profundo es este vacío.
La mayoría de las cosas de la vida se me dieron ya muy tarde, mi primer beso, mi primer amor, mi primer billete, mi primera cagada, justo como a Julio, sólo que a él la calvicie y la muerte le llegaron de forma acelerada.
Recuerdo a Isabel, la primera mujer de la que me enamoré, polaca y políglota con unos muslos envidiables, era magnífica y la aborrecí por hacerme ver que cosas tan improbables como su existencia serían escasas en mi vida.
Después te conocí, arrojando piedras a las ventanas de las brujas, gritando que eras el peor de los tipos que conoceré …

3 comentarios:

Hernán dijo...

Se de muchos que están podridos hasta el coxis y tienen una vida plena, incluso envidiable.

La persecución de la pureza es un camino directo a la putrefacción.

Palomilla Apocatastásica dijo...

Vaya suena terrible sentir que se está uno pudriendo viva.
Aunque a veces así pasa, se le pudren a uno las entrañas de tanto coraje

Yohanna Jaramillo dijo...

Tania: Lláma..Llama..Los cuerpos de la noche se han ido en el mar..Yo frente a el..pienso que llames..Una vickis!!!. La guitarra se fue de la casa..Mis alcoholes la ahogaron..Remamos? Llama....